Al final del verano, la lluvia cae a cántaros desde las nubes. Limpia la tierra del polvo y suciedad. Así es Ramadán. Los creyentes purifican su alma manteniendo sus manos, su lengua y todos sus miembros alejados del pecado. Purifican sus riquezas con el zakat, la fitra y la sadaqah que dan a los necesitados. Llegan al Eid limpios de toda impureza material y espiritual.
Ramadán, el mes de la purificación
Es el único mes mencionado por nombre en nuestro noble Libro, el Corán. El Altísimo no solo lo ha citado en Su Libro, sino que además lo ha establecido como el mes del ayuno. Por esta razón, Ramadán es el sultán entre todos los meses.
Ramadán, el sultán de los once meses
Es el mes en el que se reveló el Corán, que guía a la humanidad y distingue el bien del mal. Son los benditos momentos en los que el Mensajero de Allah repitía la revelación con el ángel Gabriel, recitándola mutuamente. Es el tiempo en que la mente y el corazón se encuentran en profundidad con la revelación.
Ramadán, el mes del Corán

Es el mes en que se observan con mayor cuidado que nunca los límites establecidos por Allah. Días en los que la conciencia de responsabilidad ante Él se reviste con mayor intensidad. Solo por Su complacencia, uno se levanta para el suḥūr en la oscuridad profunda de la noche. Con la luz del alba se permanece de pie en la oración. En el retiro espiritual (i‘tikāf), el creyente se sumerge en la reflexión y la adoración. En la Noche del Decreto (Laylat al-Qadr), más valiosa que mil meses, las manos se alzan hacia el cielo por los corazones afligidos y oprimidos. Es el mes en que se desprende el óxido que se acumula en los corazones.
Ramadán, el mes de la piedad
Es el mes en el que se ayuna con fe y esperando la recompensa de Allah. A quienes renuncian a los deseos del ego les son perdonados sus pecados pasados. Se abren las puertas del Paraíso y se cierran las del Infierno. Las lluvias del perdón descienden del cielo como un aguacero.
Ramadán, el mes de la misericordia
Se comprende entonces lo que significa necesitar un solo bocado, lo que significa no poder alcanzar ni un sorbo de agua. Uno se reviste de paciencia y de sonrisa. La cabeza del huérfano se acaricia con mayor ternura. Se busca a los necesitados por todas partes. A la misma hora se siente el hambre y a la misma hora se come. Hombro con hombro, la gente reza. Jóvenes y ancianos, tomados de la mano, alcanzan juntos la alegría de al-Aıd. Se descubre el verdadero sentido de ser uno y estar unidos.
Ramadán, el mes de la unidad
¡Ven! Que este Ramadán sea para nosotros una lluvia que nos purifique de los pecados…